6 consejos para padres que quieren guiar a sus hijos hacia un uso seguro de Internet

 

Las nuevas generaciones, nativas digitales, tienen su propia forma de entretenerse y divertirse. Atrás han quedado esos tiempos en los que los niños pasaban las horas jugando en la calle. Hoy, el escenario de sus juegos es, en muchos casos, virtual. Su diversión se materializa en una pantalla, ya sea de tablet, teléfono, ordenador, consola o televisión, y a través de ese dispositivo tienen, además, acceso a Internet, con todo lo que eso supone: un mundo de posibilidades de entretenimiento, aprendizaje e interacción que deben gestionar de forma adecuada para que la experiencia sea positiva, saludable y segura.

Cada año, el segundo martes de febrero se celebra el Día Internacional de Internet Segura, una fecha creada, precisamente, para recordar a los más jóvenes la necesidad de tener en cuenta ciertos aspectos que van a determinar que el tiempo (cada vez mayor) que pasan conectados a Internet a través de sus dispositivos electrónicos sea satisfactorio y no pongan en peligro su propia seguridad.

Las tablets se han convertido en un regalo estrella para los niños desde edades muy tempranas, al ser un formato táctil, ligero y manejable que les permite interactuar a través del juego y ver cómodamente vídeos antes incluso de aprender a leer y escribir. También son cada vez más los menores de 9 años que tienen ya su propio teléfono móvil: según un reciente estudio de Lingokids, empresa especializada en contenidos digitales infantiles en inglés, la mitad de los niños españoles de hasta 8 años tiene su propia tablet y 1 de cada 4 tiene su propio móvil. Su uso es, en un 40% de los casos, diario, y cuando los usan, la mitad de los niños pasa entre 1 y 2 horas conectado a esos dispositivos.

A los padres esto les genera diferentes preocupaciones. La primera, según este estudio (realizado a 800 familias de toda España con hijos de hasta 8 años), está relacionada con el tiempo: a más de la mitad de los progenitores (55%) les preocupa que sus hijos pasen demasiado tiempo delante de una pantalla; la segunda, con los contenidos: al 43% le inquieta que se topen con páginas web, vídeos o imágenes que no sean adecuados para su edad; y la tercera, con la salud: al 40% le intranquiliza que su vista pueda verse dañada por el uso excesivo de las pantallas.

Con el fin de ayudarles a dirigir a sus hijos hacia un uso seguro y saludable de Internet y de sus dispositivos, Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids, ha elaborado estas seis recomendaciones básicas:

Negociar los tiempos

La tecnología tiene muchos aspectos positivos que ofrecer si se usa de forma equilibrada. Para hallar ese equilibrio es importante establecer unos tiempos determinados de uso, que el pequeño puede “conquistar” tras haber realizado sus tareas escolares y su contribución a las tareas del hogar (siempre adaptadas a su edad). Es decir, frente a la “barra libre”, un tiempo limitado y controlado. Para el resto, intentemos promover su participación en otro tipo de actividades que requieran su interacción con otras personas o una cierta actividad física o al aire libre.

“Poner puertas al campo”

Debemos intentar garantizar que lo que ven, a lo que juegan y lo que hacen en Internet es adecuado para ellos. Esto se consigue, principalmente, configurando en sus dispositivos una herramienta de control parental que nos ayude a limitar o bloquear términos, páginas web o contenidos no saludables para ellos, y nos avise si el sistema detecta algún uso irregular. Casi todos los dispositivos suelen traer preinstaladas funciones de este tipo (también existen otras de carácter gratuito que podemos descargar), que se pueden ir reajustando conforme se hacen mayores.

Supervisar su actividad

Debemos estar al tanto del tipo de actividades a las que dedican su tiempo de pantalla. Es bueno que confiemos en ellos, pero no debemos perder el control si queremos prevenir un mal uso (una revisión del historial del navegador puede ser recomendable de vez en cuando). Es importante hablar con ellos, que nos cuenten lo que hacen y nos consulten antes de descargar una nueva app o un nuevo juego. Y dado que jugar es la principal actividad a la que se dedican cuando usan la tablet o el teléfono, en la medida de lo posible conviene guiarles hacia un tipo de juego adecuado para su edad, proactivo, preferiblemente de contenido educativo (sin perder por ello el ingrediente de diversión) y que les ofrezca un entorno seguro y saludable.

Concienciarles de los riesgos

Del mismo modo que empiezan a usar estos dispositivos desde edades cada vez más tempranas, también tenemos que empezar desde muy pequeños a hablarles de las consecuencias que puede tener un uso inadecuado. Mediante mensajes que ellos puedan entender y sin crearles aprensiones o miedos, es necesario inculcarles la precaución, y explicarles por qué no deben hablar con desconocidos, hacer públicos ciertos datos personales, compartir sus contraseñas o publicar determinado tipo de fotos. Ponerles ejemplos para que sean capaces de visualizarlo puede ser muy eficaz.

Cultivar la confianza

Resulta esencial que nuestros hijos hablen con nosotros abiertamente sobre las cosas que ven, que les causan curiosidad, les preocupan o desconocen dentro del mundo de Internet. Generar ese diálogo abierto nos permitirá detectar puntos de conflicto (posibles experiencias de bullying, interés por temas no adecuados, etc.) que podremos tratar con ellos para ayudarles en su proceso de aprendizaje y de toma de decisiones. Del mismo modo, si nos confiesan haber hecho algo que no debían, debemos gestionarlo con serenidad, darles apoyo para resolver sus posibles consecuencias o destacar lo que podría haber sucedido si no ha tenido repercusiones, para que comprendan que no deben repetirlo.

Reciclarse e informarse

Como padres, tenemos la obligación de guiar a nuestros hijos por el buen camino, tanto en el mundo físico como virtual, y esto no podemos hacerlo si ellos saben más que nosotros. Las nuevas generaciones aprenden demasiado rápido, por lo que debemos asumir el compromiso de no quedarnos fuera, de avanzar en paralelo para ser capaces de empatizar con ellos, de comprender sus comportamientos y sus necesidades, y también de adoptar las medidas de seguimiento, control y, llegado el caso, restricción. Por suerte, hoy día existen muchas fuentes de calidad para informarse y asesorarse.

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