Mi familia y yo solemos ser los responsables de gran parte de los reportajes internacionales que se publican en Viajar con Hijos. Probablemente se deba a que fui de los primeros —por no decir el primero— en atreverme a viajar al extranjero con niños pequeños. En la redacción, lo más habitual era organizar escapadas cortas dentro de España.
Es cierto que la mayoría de las familias prefieren viajar por España. No solo por la seguridad y la tranquilidad que supone moverse dentro de tu propio país, sino también por la enorme variedad de atractivos que ofrece. Sin embargo, eso no debería impedirnos plantearnos viajes al extranjero con nuestros hijos si realmente nos apetece hacerlo.
Desde que me encargo de los reportajes internacionales, es raro que una reunión con amigos o conocidos no termine con alguna pareja preguntándome por los viajes en familia fuera de España. Este reportaje reúne muchos de los consejos que suelo dar en esas conversaciones. No pretende ser una guía exhaustiva ni excluyente, pero sí recoge algunos de los aspectos que considero más importantes.

Hablaré de “primer viaje” porque, para muchas familias, la primera vez que se plantean salir al extranjero puede resultar una experiencia estresante. En ocasiones, esa incertidumbre acaba provocando que el viaje se cancele o que, una vez realizado, no se disfrute tanto como se debería.
En realidad, viajar al extranjero no es tan diferente de viajar dentro de tu propio país. Quizá exige prestar atención a algunos detalles y planificar un poco más que cuando vamos al pueblo con los abuelos. Pero, salvo que seamos una versión del siglo XXI de Paco Martínez Soria, viajar fuera de España es, en general, bastante sencillo.
Duración
Una de las preguntas más habituales que se hacen las familias es cuál debería ser la duración ideal de ese primer viaje. Mi consejo es empezar por planificar qué queremos ver y hacer, y después calcular cuánto tiempo necesitaremos para ello.
También es importante tener en cuenta el medio de transporte que vamos a utilizar y el tiempo real que pasaremos en tránsito. No solo hay que considerar el cansancio de los niños, sino también el nuestro, porque estar pendientes de ellos y cuidarlos durante todo el viaje también supone un desgaste considerable.
Por ejemplo, no es lo mismo hacer una escala de ocho horas en un aeropuerto cuando viajamos solos que cuando lo hacemos con niños. En ese caso, es probable que estemos gastando energía entreteniéndolos y atendiéndolos, en lugar de descansar tranquilamente en un sofá de la terminal. Y eso se nota cuando finalmente llegamos al destino, tanto en los pequeños como en los adultos.
Por mi experiencia personal, al menos en mi caso, mis hijos suelen llevar mejor los vuelos que nosotros, sus padres. Ellos duermen o se entretienen con cualquier cosa y, en general, la duración del vuelo o incluso el jet lag apenas les afecta. Quizá sea porque los niños pueden dormirse en cualquier momento, mientras que los adultos debemos permanecer atentos y pendientes de ellos.

En cualquier caso, viajar a un país extranjero implica cambios más notables en los hábitos y las rutinas. Por eso, cada padre y cada madre debe conocer bien a sus hijos y saber hasta qué punto les afectan esos cambios, para poder ajustar de la mejor manera posible la duración del viaje.
Dónde ir
Esta es, probablemente, una de las preguntas que más me hacen: cuál es el mejor destino para viajar con niños.
La verdad es que no existe una única respuesta. Cada familia es diferente y no a todas les gustan las mismas cosas.
Mi consejo suele ser siempre el mismo: elegir un destino que realmente tengamos muchas ganas de conocer. Cuando un lugar nos ilusiona de verdad, los pequeños inconvenientes que puedan surgir durante la preparación o el propio viaje se llevan mucho mejor. Viajar a un sitio que nos entusiasma hace que afrontemos la experiencia con una actitud más positiva y que relativicemos las posibles dificultades.
En mi caso, el primer viaje al extranjero que hice con mis hijos fue a Roma. Puede que a primera vista no parezca el destino más “infantil”, pero lo cierto es que fue todo un éxito. En la Fontana de Trevi mis hijos se divirtieron lanzando monedas al agua; en la Piazza Navona nos dimos el gusto de comer más helado del que probablemente habíamos probado nunca; y en el Coliseo se fotografiaron encantados con “auténticos” centuriones romanos. Y así ocurrió con muchos otros momentos del viaje.
Cuando alguien me pregunta específicamente por el destino más sencillo para un primer viaje fuera de España, mi respuesta suele ser siempre la misma: Portugal. Es un país cercano, fácil de recorrer y muy cómodo para viajar en familia. De hecho, resulta tan sencillo que casi podría considerarse un primer “entrenamiento” antes de aventurarse, en otra ocasión, a descubrir un país verdaderamente diferente al nuestro.

Consejos generales
Hay una serie de recomendaciones que suelo compartir con los amigos que me preguntan cómo afrontar el primer viaje al extranjero en familia. Algunas son específicas para viajes internacionales, aunque muchas también pueden aplicarse perfectamente a los viajes dentro de España.
En nuestra familia solemos guardar en los móviles los teléfonos y las localizaciones GPS de todos los lugares que vamos a visitar o que podríamos necesitar durante el viaje: hoteles, restaurantes, monumentos, consulados, etc. La idea es tenerlos perfectamente identificados sin necesidad de buscarlos en el último momento. Además, antes de viajar creamos un grupo específico en WhatsApp con todos los miembros del viaje donde compartimos esa información. También tenemos otro grupo llamado “familia”, que utilizamos para comunicarnos rápidamente si en algún momento nos separamos.
Muchos padres se preocupan bastante por el tema de la comida cuando viajan al extranjero. En este caso suelo proponer dos posibles soluciones. La primera es empezar a introducir en la dieta familiar, unas semanas antes del viaje, platos o ingredientes típicos del país que se va a visitar. Así todos se familiarizan con esos nuevos sabores. La segunda opción es recurrir a restaurantes de comida rápida de grandes cadenas internacionales o a pizzerías. Personalmente, creo que la primera alternativa es mucho más interesante, ya que también forma parte de la experiencia cultural del viaje.
En cuanto al alojamiento, suele ser una buena idea buscar hoteles de grandes cadenas y, si es posible, de cadenas españolas. Esto no significa que los hoteles independientes extranjeros sean peores, pero las grandes cadenas suelen mantener estándares de calidad bastante homogéneos en todos sus establecimientos. Además, en el caso de las cadenas españolas es más probable encontrar personal que hable español y contar con departamentos de atención al cliente ubicados en España, algo que puede resultar útil si surge algún problema.
Respecto al tipo de habitación, mi recomendación suele ser reservar habitaciones dobles comunicadas. Los viajes deberían servir para disfrutar, descansar y pasarlo bien. Si toda la familia duerme en la misma habitación con camas supletorias, el descanso suele ser peor. Además, si en casa cada uno duerme en su habitación, no hay motivo para cambiar ese hábito durante el viaje. Tanto los niños como los adultos lo agradecerán.

Uno de los temores más frecuentes que me transmiten las familias es la posibilidad de perder o sufrir el robo del dinero y las tarjetas estando lejos de casa. Muchos padres comentan que no es lo mismo enfrentarse a una situación así viajando solos que hacerlo con niños.
Aunque ese miedo es comprensible, hoy en día existen bastantes formas de prevenir o solucionar un problema así. Por ejemplo, se pueden llevar en la maleta o en otro lugar distinto unas tarjetas prepago sin saldo. En caso de necesidad, basta con acceder a la cuenta bancaria desde cualquier ordenador con conexión a internet y recargarlas. De este modo se puede disponer de dinero sin el riesgo de perderlo si la tarjeta se extravía. En cuanto al efectivo, también existen diversas empresas que permiten recibir envíos de dinero desde casa. Lo recomendable es tener guardadas en el móvil o en el correo electrónico las direcciones y contactos necesarios por si fuera necesario utilizarlos.
En lo que se refiere a la asistencia sanitaria, lo más recomendable es obtener la Tarjeta Sanitaria Europea si viajamos a países donde es válida, o contratar un seguro de viaje. En algunos casos, incluso los seguros del hogar incluyen cobertura de asistencia en viajes. Dependiendo de la duración del viaje, la distancia o las necesidades de cada familia, convendrá valorar qué opción resulta más adecuada. En cualquier caso, es importante llevar este aspecto bien previsto.
Durante los últimos diez años me han planteado todo tipo de preguntas sobre los viajes internacionales en familia. He intentado resumir aquí los consejos que considero más importantes, aunque la casuística es enorme y podría hablarse de cientos de situaciones distintas. Por ejemplo, suelo recomendar que los viajes en familia incluyan el menor número posible de cambios de hotel. Intentar dormir cada noche en un lugar diferente puede resultar bastante cansado, especialmente cuando se viaja con niños. Pero esto no deja de ser una opinión basada en mi experiencia personal, no una regla universal.
Esperamos que este reportaje resulte útil y ayude a nuestros lectores a disfrutar plenamente de sus futuros viajes internacionales en familia.

Seguridad
Si vamos a viajar al extranjero con nuestra familia, es absolutamente imprescindible consultar la web donde el Ministerio de Asuntos Exteriores aconseja sobre las condiciones de viaje a todos los países del mundo. Contiene toda la información relevante en cuanto a seguridad y condiciones sanitarias debemos de tener en cuenta. Si esta web desaconsejara viajar a algún destino, es absolutamente imprescindible hacerle caso y NO viajar a ese sitio.
Parques temáticos
Hay una idea bastante común de que los niños se divierten más en parques temáticos cuando viajan al extranjero. Pero no siempre es verdad. En mi opinión, si nos tomamos la molestia de salir del país, con todos los gastos, adaptaciones culturales y vuelos que eso supone, no tiene sentido limitarse a algo parecido a los parques que ya hay por aquí. Conozco a familias que han ido a Disneyland París y no han pisado la ciudad, sin salir del recinto del parque.
Seguridad
Las medidas de seguridad en los aeropuertos ofrecen una gran oportunidad para asignar pequeñas responsabilidades a los niños. Les ayuda a comprender que la vida está llena de normas y que la seguridad es algo esencial. Aunque pueda sonar trivial, dejar que ellos se encarguen de llevar sus cinturones o relojes y pasarlos por el escáner convierte el procedimiento en algo más divertido y les hace tomar conciencia de las responsabilidades cotidianas.
Idiomas
Hay una ventaja estupenda al viajar fuera de España que resulta ideal para los hijos. Las películas y series se emiten en su idioma original, generalmente el inglés, sin doblaje. Así, los trayectos en avión o tren, y los momentos de espera en el hotel, se convierten en oportunidades para que los niños se acostumbren al sonido del inglés. Además, es muy valioso que tengan que comunicarse en ese idioma en tiendas, restaurantes o hoteles para hacerse entender, por lo que estos viajes también ayudan a practicar el inglés de forma natural.
Medicamentos
Es fundamental llevar todas las medicinas que pensemos que podrían hacernos falta. En la mayoría de los países, hasta para adquirir algo como Dalsy (o su equivalente local) se requiere una receta de un médico del lugar. No se trata de promover la automedicación, pero para darle Dalsy a tu hijo si tiene fiebre, no hace falta buscar un doctor local que quizás tardes horas en localizar, mientras el pequeño sufre dolor y malestar. Lo lógico es administrarle el medicamento primero y luego buscar atención médica o ir al hospital. Evitar que tu hijo pase horas incómodo por algo como la salida de los dientes, solo porque no lo has incluido en el equipaje, es un error evitable. Recuerda llevar los envases originales junto con los prospectos.
