Siete destinos espirituales para acercarse al turismo religioso

 

El turismo religioso mueve cada año a miles de viajeros que se desplazan a distintas partes del mundo movidos por su fe y espiritualidad. Este año, los españoles tenemos restringidos los viajes nacionales por Semana Santa, pero no es así para las salidas internacionales, que según el decreto del estado de alarma, no están restringidas.

Por este motivo, os dejamos con sugerencias para adentrarse en el turismo religioso internacional estos días. Eso sí, es imprescindible consultar las condiciones que piden en cada uno de los países, puesto que pueden cambiar según evolucionen las circunstancias. En la mayoría de ellos, se solicita una prueba PCR negativa e, incluso, declaración jurada de no tener síntomas.

Basílica de San Pedro y el Vaticano (Ciudad del Vaticano)

Sin duda, la Basílica es uno de los lugares más importantes para los católicos ya que está construida sobre la tumba de San Pedro, apóstol de Jesús y primer obispo de Roma. De hecho, todos los papas han sido enterrados en ella por lo que no es de extrañar que sea uno de los lugares de peregrinaje más importantes. Además, la Basílica es uno de los edificios más grandes del mundo y, en su interior, se puede disfrutar de hermosas obras de arte como la Piedad de Miguel Ángel. La Plaza de San Pedro, diseñada por Bernini, congrega todos los miércoles a muchos fieles que se reúnen en ella para la audiencia con el Papa. El próximo Domingo de Pascua, 21 de abril, quienes estén allí recibirán la Bendición Urbi et Orbi.

La Mezquita Azul (Turquía)

Se trata de una de las mezquitas más importantes del país y un referente para el Islam. Su construcción fue ordenada por el sultán Ahmed I para calmar a Alá, tras varias derrotas de su ejército en un periodo de guerras. La Mezquita Azul, inaugurada en 1617, cuenta con seis minaretes, en lugar de los dos o cuatro habituales, y debe su nombre a los más de 20.000 azulejos que cubren su interior y que crean una tonalidad azul.

El Muro de las lamentaciones (Jerusalén)

Es uno de los lugares más sagrados para los judíos, ya que es lo único que queda del Templo de Jerusalén. Frente al muro los creyentes no sólo se lamentan de la doble destrucción que sufrió el Templo sino que también oran, hacen peticiones, cantan alabanzas o realizan ceremonias. Además, existe la tradición de introducir trozos de papel entre sus rendijas con plegarias u oraciones. Si lo visitamos es probable que veamos a muchos judíos que recitan allí el libro de los Salmos.

Benarés (India)

Situada a orillas del Ganges, esta ciudad es la más importante de las siete ciudades sagradas del hinduismo ya que se considera que una de las cuatro cabezas del dios Brahmá, creador del universo y miembro de la Trimurti (junto a los dioses Shiva y Visnú), pudo descansar al llegar a Benarés. Además, es un destino de peregrinación para los hinduistas ya que creen que morir en esta ciudad les conducirá a la salvación al quedar liberados de la reencarnación. Pero no sólo es importante para esta religión sino también para el budismo ya que fue aquí donde Buda dio su primer sermón y dio inicio a esta religión.

Santuario de Fátima (Fátima, Portugal)

Su construcción surge tras la aparición de la Virgen, el 13 de agosto de 1917, a Jacinta, Lúcia y Francisco, tres niños que se encontraban con su rebaño de ovejas en Cova da Iria. En uno de estos encuentros, los niños afirman que la Virgen les pidió que se creara una capilla en su nombre y les reveló tres misterios que fueron descubriéndose, poco a poco, con el paso de los años. Desde entonces, Fátima se ha convertido en uno de los santuarios marianos más importantes del mundo, al que peregrinan más de cuatro millones de fieles cada año.

Lumbini (Nepal)

Es el lugar de nacimiento de Siddharta Gautama, Buda, por lo que se considera una ciudad santa dentro de esta religión. Según la leyenda, tras criarse como príncipe en un palacio, Siddharta, decidió conocer el mundo exterior. Fue ahí donde tuvo los ‘cuatro encuentros’ con un anciano, un cadáver, un enfermo y un asceta. Este hecho le afectó tanto que renunció a su modo de vida para buscar una solución al problema de la existencia. Un camino con el que, tras muchos años, alcanzó el ‘despertar’.

Thesupermat, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Capilla Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (París, Francia)

En 1830, Sor Catalina, novicia de las Hijas de la Caridad, es testigo de varias apariciones. Primero, San Vicente de Paúl le muestra su corazón, tres días seguidos, de tres colores diferentes. Al poco tiempo, ve a Cristo presente en la Eucaristía y, algo más tarde, se le aparece como Rey Crucificado. Por último, ese mismo año, la Virgen se le apareció tres veces. En uno de estos encuentros, le pidió que hiciera una medalla con su imagen para proteger a quienes la usaban. Dos años más tarde, se crearon las medallas y empezaron a ser utilizadas por la población para protegerse del cólera que en ese tiempo asoló París ya que afirmaban que ‘curaban la enfermedad’.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *