Ginebra. El rigor de la belleza

Capital mundial de la relojería, ciudad jardín, ciudad cultural, centro gastronómico de gran reputación y punto de salida de numerosas excursiones, Ginebra es una capital orgullosa de todas sus riquezas, que sin duda, nos dejarán innumerables recuerdos. En familia, tenemos grandes oportunidades de disfrutarla.

Ginebra es una ciudad muy cómoda. El tranvía se revela como un transporte excelente, con la misma comodidad y puntualidad que nos puede ofrecer un buen metro, que es la comparación que podemos hacer en España, pero sin los inconvenientes de un transporte subterráneo.

No solo la comodidad de sus infraestructuras nos dejará una excelente impresión. Ginebra es una ciudad conocida por el cuidado de sus jardines. En el Jardín Inglés, uno de los más conocidos, nos esperan dos maravillas, el reloj florido y la Isla Rousseau. El primero es un símbolo de la industria relojera ginebrina, de fama mundial. Se sitúa en el límite del Jardín Inglés desde 1955, y es una obra maestra de técnica y belleza. Antiguamente se trataba solo de un elemento decorativo, con una única esfera y cerca de 6.500 flores. Con la llegada del nuevo milenio, se le ha dado una dimensión totalmente distinta. Ahora consta de ocho círculos concéntricos cuyos colores varían según las estaciones y el tipo de plantas que componen el tapiz. La aguja segundera es, además, la mayor del mundo, y mide más de 2,5 metros de largo.

En cuanto a la Isla Rousseau, se trata de un antiguo bastión de defensa del puerto erigido en 1583, y se sitúa entre los puentes de Mont-Blanc y des Bergues. En el centro de la isla se erige la estatua de Jean -Jaques Rousseau, el ilustre escritor y filósofo, que es hijo de Ginebra.

Parques y jardín botánico

En la orilla derecha de la rada, encontraremos el monumento Brunswick, tumba del Duque Carlos II de Brunswick, que dejó su fortuna a la ciudad de Ginebra con la condición de que le erigiesen una réplica del mausolero de los Scaligeri de Verona. Si paseamos por esa orilla del lago, llegaremos al embarcadero de Pâquis, que distinguiremos por su faro y los baños públicos de la ciudad.

Siguiendo el recorrido por la orilla derecha, a lo largo del paseo, llegaremos al parque de la Pere du Lac, y más allá pasaremos por un túnel, debajo de la carretera, que nos lleva al Conservatorio y Jardín Botánico de Ginebra. Es un lugar idílico, con plantas y árboles excepcionales del mundo entero, que destacan entra cascadas y estanques. Un jardín de rocallas, un parque con ciervos, cerbatillos y una pajarera.

De vuelta a la orilla del lago, podemos aprovechar para tomar un barcos-bus que nos llevará a la otra orilla. Si fuéramos a pie, recorreríamos unos 4 kilómetros. Frente al desembarcadero, tendremos la oportunidad de contemplar los parques des Eaux-Vives y de la Grangew, donde se sitúa la Rosaleda, que contienen las rosas más bellas del mundo, y que muestran todo su esplendor durante el Concurso Internacional de rosas nuevas, en junio de cada año. Una suntuosa mansión domina el césped, detrás de la cual están los vestigios de una villa romana, una vieja granja y un invernadero, que se convierte en verano, en escena de teatro y restaurante.

Espectáculo de agua

Si el río Ródano es la espina dorsal, la rada es, sin ninguna duda, la imagen más conocida de Ginebra, gracias al famoso surtidor de agua (Le Jet d’eau), un deslumbrante chorro de espuma blanca que llega hasta los 140 metros de altura.

Resulta curioso saber que la vistosa fuente de agua fue, en su origen, una simple válvula de seguridad de la fábrica hidráulica de la Coulouvrenière. Con el tiempo, el chorro de agua se convirtió en símbolo de la ciudad, y encontró su emplazamiento definitivo en la rada en 1891, momento en que se convirtió en la atracción turística que es hoy día. El espectáculo culmina con ocho proyectores de 9.000 kw que iluminan la columna de agua.

Los alrededores se completan con paseos ajardinados, una sucesión de parques con raras especies botánicas y antiguas residencias. También, con su fauna acuática: cisnes, gaviotas, patos. Una multitud de velas multicolores, que se dejan ver durante las regatas, terminan de dibujar un cuadro incomparable alrededor del Lago de Ginebra.

Paraíso de las compras

Ginebra, como hemos visto, es muchas cosas, y una de ellas que la distingue especialmente es que resulta un paraíso de las compras. En sus innumerables tiendas y almacenes tendremos acceso a un surtido impresionante de artículos de todo tipo y procedencia. Como sabemos, nos encontramos en la capital de la relojería y la joyería de vanguardia, así que encontraremos un enorme surtido de estos artículos, desde los más caros hasta los más asequibles.

Si queremos hacernos con una buena provisión de chocolate, tendremos oportunidad de adquirirlos en cualquiera de las muchas tiendas especializadas ginebrinas. ¿Y qué tal una navaja suiza, con múltiples cuchillas al estilo del ejército suizo? Es un regalo que siempre gusta.

Las calles comerciales del centro de la ciudad no solo invitan a las compras. Es un placer dar un simple paseo por la place du Molard, situada en entre el lago y el casco antiguo. Sus terrazas invitan a descansar al lado de la fuente o del mercado de flores. Por cierto, es importante señalar la torre del siglo XVI con los soportales que recuerdan los mercados antiguos y que en aquellos tiempos estaban protegidos por una de las puertas de la ciudad.

Monumental

Pero si de cultura comenzamos a hablar, no tenemos más remedio que referirnos a los grandes monumentos que hacen de Ginebra una gran capital cultural. La Catedral de San Pedro es uno de los más imponentes. Comenzada su construcción hacia 1160, se terminó en 1232. Originalmente románica, sos bóvedas se prolongaron más tarde al estilo gótico.

Ciento cincuenta peldaños conducen hasta lo alto de la torre norte de la catedral, desde donde se domina un fabuloso panorama que se extiende sobre la ciudad y el lago. Destaca también La Clémence, la campana mayor del lugar, alzada a esa misma torre en 1407, y que tiene un peso de 6 toneladas. La primera fase de la construcción de la Catedral remonta al año 1160 y duró casi un siglo.

Numerosas obras de restauración y reconstrucción la fueron modificando, sobre todo a consecuencias de los incendios que padeció. Más tarde, a mediados del siglo XVI, la llegada le de la Reforma y de su filosofía cambió completamente el interior del edificio, vaciándolo de todos los objetos ornamentales y recubriendo las decoraciones pintadas. Sólo se salvaron las vidrieras.

Hoy en día, en el interior del edificio, se puede contemplar «la silla de Calvino» y las sillas esculpidas del coro, También la estatua y el monumento erigidos en memoria, del quien fue jefe de los protestantes franceses bajo los reinados de Enrique IV y de Luis XIII, el duque de Rohan, enterrado en la misma catedral.

Ruta cultural

La Place Neuve es el pulmón artístico de Ginebra. En su centro, se levanta la estatua ecuestre del general Guillermo-Enrique Dufour (1787-1875). El general, no solamente fue ingeniero, sino también: profesor de la Universidad, diseñador del mapa más completo de las montañas suizas, general en jefe de las fuerzas armadas de la Confederación Helvética en el 1847 y a los 76 años de edad, miembro del Comité des Cinq, organismo autor del primer proyecto de la Cruz Roja.

En la plaza, podemos encontrar el Museo Rath, primer edificio de Suiza dedicado a las bellas artes y que acoge exposiciones temporales. También está emplazado el Gran Teatro, inspirado de la Ópera de París, entonces en construcción. Este edificio del 1879 de gran clasicismo está adornado con esculturas alegóricas y con bustos de compositores famosos. Víctima de un incendio devastador, en 1951, reabrió sus puertas en 1962. Por último, merece la pena mencionar el Conservatorio de a Música. Edificado en 1856, este edificio de inspiración italiana, tiene un parecido con la fachada de la Villa de la Perle du Lac, propiedad de Francisco Bartholoni quien financió la construcción de esta prestigiosa escuela de música. Cada otoño, el Conservatorio de Música, se anima con el Concurso de Ginebra.

Jean-Jacques Rousseau nacío el 28 junio del 1712 en el N° 40, de la Grand-Rue, en el casco antiguo de la ciudad de Ginebra. En esta misma casa se ha creado el Espacio Rousseau, cuyo objetivo es que la obra de uno de los pensadores más influyentes que han marcado el mundo moderno, permanezca viva. La vida del ilustre ciudadano de Ginebra, escritor, filosófo de las Luces y músico está relatada de manera contemporánea a través de un circuito audiovisual multilingue de 25 minutos.

Sede internacional

Ginebra es la sede de numerosas organizaciones internacionales. Se calcula que existen unas 200, la mayoría de las cuales están situadas en los alrededores de la plaza des Nations. Frente a esta plaza se levanta el imponente Palacio de las Naciones, sede
europea de las Naciones Unidas (O.N.U).

Este edificio de los años treinta esta situado en un parque desde el cual se disfruta de vistas sorprendentes de la ciudad, del lago y de los Alpes. La ONU esta abierta al público con visitas comentadas: de noviembre a marzo: de lunes a viernes de 10-12h. De abril a octubre: cada día de 10h-12h y de 14h-16h. Julio y agosto: cada día de 10h-17h. Cierre anual: las dos últimas semanas de diciembre.
Y de la política, pasamos a la ciencia. A los hitos turísticos tradicionales, hay que sumar ahora uno que ha cobrado gran fuerza, sobre todo en la comunidad científica. Se trata del CERN, el centro de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, donde se encuentra el LHC, gran colisionador de Hadrones. Esta es la más gigantesca y compleja máquina de experimentos jamás inventada por el ser humano, y de las investigaciones surgidas en él, se pretende indagar sobre el origen del universo. El CERN está abierto a visitas, y está dotado de oficinas públicas, hoteles, comedores y restaurantes. Son muy interesantes las visitas escolares, porque los estudiantes pueden conocer directamente a los grandes científicos que trabajan aquí. Pero las listas de esperas son largas, así que conviene reservar con antelación. La web es www.vern.ch.

Playas

El gran Lago Leman permite que, en su orilla, se hayan establecido playas que nos pueden hacer pasar momentos muy divertidos. Los Bains des Pâquis son unos baños que ofrecen chiringuito, salas de sauna, zonas de baño y trampolines. La pasión por los Baños no data de ayer, ya que estas instalaciones fueron abiertas al público en 1932. Este lugar único, situado en plena rada, constituye un ejemplo formidable de la Ginebra cosmopolita, en donde se dan cita jóvenes y no tan jóvenes, dinámicos ejecutivos y artistas, estudiantes y madres de familia, etc.

Genève Plage (Playa de Ginebra) ofrece una piscina olímpica climatizada y preservada del viento, una amplia piscina infantil, un gran trampolín, un tobogán gigante de 9 metros de altura, terrenos de baloncesto, de voleibol, de petanca, áreas de juego, un tablero gigante, un pontón privado de esquí náutico, una base de plancha a vela, un restaurante y un chiringuito con terraza, una tienda: no falta de nada en este oasis a orillas del lago de cerca de 42.000 metros cuadrados.

Actividades en familia

Excursiones
Ginebra es mucho más que el Chorro de agua y el Reloj florido. Solo hay que echar un vistazo a la Catedral, al Ayuntamiento y salir a descubrir en compañía de un guía esta ciudad internacional con sus callejuelas, rincones escondidos, fuentes floridas y plazas pintorescas.
Carouge. Paseos a través de una ciudad bien conservada de carácter piamontés del siglo XVIII, con sus iglesias, sus casas típicas, sus jardines interiores, sus patios pintorescos y sus tenderetes.
Escalade 1602. Antes de las celebraciones de diciembre, podemos sumergirnos en el ambiente de la batalla de 1602 que marcó la historia ginebrina gracias a los paseos organizados en torno a este tema.

Turismo rural
Fuera de los senderos más transitados, tenemos una cita con lo inesperado. Los pueblos pintorescos, bosques, arroyos, viñedos, colinas y campos nos invitan a agradables momentos de entretenimiento en una naturaleza verde y que invita a la diversión.
Si los hoteles de Ginebra ofrecen todo el confort necesario para pasar una estancia agradable, los hospedajes y apartamentos rurales poseen un encanto particular.
Por otra parte, numerosas fincas agrícolas proponen asimismo catas, visitas guiadas a la propiedad y otras propuestas agroturísticas.

Deportes
Todos los deportes, o casi todos, pueden practicarse en Ginebra, ya sea en campo cubierto o al aire libre. El lago es ideal para la vela, el remo, el esquí náutico y, por supuesto, la natación.
El Ródano y el Arve, que atraviesan Ginebra, permiten hacer canoa y ráfting, a la vez que los numerosos cursos de agua invitan a la pesca. El Salève es un lugar ideal para el parapente y las caminatas, mientras que el Jura o los Alpes cercanos son el paraíso para trepar y de los alpinistas.
Para los adeptos a los deportes de invierno, Ginebra está cerca de las mejores instalaciones de esquí de los Alpes. En sólo una o dos horas se llega a las estaciones suizas de Gstaad, Crans-Montana o Zermatt, el pueblo del Cervinio. Del lado francés, se accede fácilmente a Chamonix y Val d’Isère tanto en coche o autobús de línea.
Bol d’OrEn Ginebra tienen lugar eventos deportivos de envergadura a lo largo de todo el año. Los principales son el Bol d’Or en junio, la más importante regata europea de veleros en un lago, “la Ginebra Challenger ATP Tour” en agosto, la Carrera a pie de la Escalada, que atrae a principios de diciembre a más de 16.000 aficionados a las carreras a pie, la Copa de Navidad, competición de natación anual que se celebra a mediados de diciembre en las aguas heladas del lago, y el Concurso hípico internacional que acoge en diciembre a los diez mejores jinetes del año.

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