Extremadura: un paraíso de agua

¿Habéis oído hablar del turismo de agua? Pues Extremadura es un lugar perfecto para comenzar gracias a sus piscinas naturales, balnearios, cruceros por el Tajo, playas de agua dulce… Si a todo esto sumamos la excelente gastronomía de la tierra, sus ciudades monumentales, los festivales culturales y el astroturismo, Extremadura se presenta como un destino perfecto para las vacaciones más completas.

Extremadura cuenta con 1.500 kilómetros de costa interior, algo que no se encuentra en toda Europa occidental. En toda esta extensión hay más de 50 zonas de baño naturales en las que refrescarnos ya prefiramos una piscina natural, una playa o una garganta fluvial. Tan solo tenemos que escoger cuál es el lugar que más nos interesa.

Además, Extremadura es también termalismo. De los seis balnearios que existen en la región, los de Baños de Montemayor (Cáceres) y Alange, a 20 km de Mérida, conservan vestigios de termas romanas. De hecho, este último forma parte del conjunto arqueológico de Mérida que la Unesco declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1993.

Las playas y piscinas de Extremadura

En la provincia de Badajoz encontramos la Playa de Orellana o Playa de Costa Dulce, que en el año 2010 se convirtió en la primera playa de interior de España en obtener una bandera azul debido a su accesibilidad, a la calidad de sus aguas y a la información medioambiental que ofrece a los visitantes. Desde entonces ha recibido este reconocimiento cada año.

Este enclave es ideal para practicar deportes acuáticos como el windsurf, la vela y el piragüismo además de la pesca. Y para reponer fuerzas, cuenta en su orilla con merenderos y chiringuitos. Además, los alrededores poblados de eucaliptos y otras especies favorecen un paseo tranquilo al atardecer después de un día de baños y juegos. El lugar se enmarca en una Zona de Especial Protección de Aves por lo que podemos disfrutar con el avistamiento de aves en plena naturaleza.

La Playa de Isla Ceniza es perfecta para las familias con hijos. Sus aguas son tranquilas y además cuenta con una extensa zona de arena para jugar y sombrillas para protegernos del sol.

Pero además, sin salir de la provincia de Badajoz, encontramos otros lugares en los que disfrutar del agua como las balsas de La Codosera, perfectas para los niños; La Isla, playa de arena con un complejo de ocio con actividades deportivas, lúdicas y didácticas, o Entrerríos, donde encontraremos césped, una zona arbolada con sombra, un parque infantil, un chiringuito y merenderos.

En la provincia de Cáceres encontramos 40 piscinas naturales, gargantas y playas fluviales que se reparten por Las Hurdes, el Valle del Ambroz, Plasencia, el Valle del Jerte y La Vera, entornos que invitan a navegar, bucear, conocer la flora y fauna acuática o, simplemente, descansar en sus orillas y desconectar de la rutina de la vida cotidiana.

Algunas de estas piscinas más cómodas y accesibles para ir con niños son la de El Nogalón y la de Las Tenerías, también la de los Pilones que es especialmente abrupta, salvaje y muy divertida –gracias a los toboganes naturales formados por la erosión del agua–. Las tres piscinas se encuentran en el municipio de Jerte. Por lo cuidada y agradable destaca la de La Pesquerona, en Cabezuela del Valle, donde podemos elegir entre césped y arena; y por su carácter familiar y tranquilo las de Benidorm (Casas del Castañar) o El Cristo (Navaconcejo), donde nuestros hijos encontrarán nuevos amigos de su edad.

Navegando por el Tajo

Hay una manera diferente de conocer Extremadura a bordo de barcos turísticos. Los ríos Tajo y Alagón brindan la posibilidad de navegar por espacios de gran valor ecológico, como el Parque Natural Tajo Internacional, siempre bajo la atenta mirada de buitres y águilas.

Las familias que, después de tanta aventura, quieran relajarse, pueden hacerlo mientras disfrutan de una apacible travesía por aguas extremeñas gracias a la gran oferta de cruceros fluviales de la Comunidad. Una opción para apreciar la biodiversidad a lo largo de más de 1.500 km de costa dulce extremeña descubriendo su paisaje.

Tres de estas rutas se encuentran en el Parque Natural del Tajo Internacional, donde se reúne la flora y fauna típicas del norte de Extremadura. Además, podemos llegar hasta Portugal si así lo queremos a través del río Pónsul. Los Canchos de Ramiro es una ruta compuesta por dos itinerarios a través de los cuales podremos apreciar un entorno natural único. Y, por último, podemos navegar por el Guadiana, donde el recorrido entre España y Portugal brinda la oportunidad de conocer el paisaje fronterizo.

Turismo activo

Las aguas de Extremadura, además de diversión y relajación, también favorecen la aventura y la adrenalina a través de la práctica de actividades deportivas acuáticas. Allí podremos practicar desde vela, windsurf o kitesurf hasta deportes como piragüismo, buceo o pesca deportiva en plena naturaleza.

Otra actividad para disfrutar de las aguas cristalinas que posee este territorio es el buceo en gargantas fluviales que se puede realizar en sitios como La Cantera de Alcántara, un lado artificial situado en el Parque Natural del Tajo Internacional. El descenso por el río Alagón es una cita anual ineludible para los aficionados a los descensos en kayak y otras embarcaciones. Para aquellos que prefieran combinar agua y viento, Extremadura posee embalses en los que se puede practicar deportes como el windsurf, la vela o el kitesurf.

También es posible realizar pesca deportiva. La modalidad más característica, y que la diferencia de otras zonas de España, es la pesca de la tenca. Se pueden encontrar una larga lista de cotos de pesca, sobre todo en la comarca cacereña del Tajo-Salor, donde cuenta con mucho arraigo. Además de esta práctica tradicional, existen otras modalidades como la de la trucha en tramos de los ríos de la Vera, Jerte, y el Ambroz

Astroturismo: descubriendo las estrellas

 Los cielos extremeños tienen una baja contaminación lumínica. Si sumamos esto a la escasez de nubes y la existencia de enclaves privilegiados junto con el apoyo de instituciones, empresas y alojamientos encontramos una región perfecta para la observación de las estrellas y el cielo nocturno.

Existen actualmente diez zonas de observación donde disfrutar al máximo de esta experiencia: Sierra de Gata; Reserva de la Biosfera del Tajo Internacional y Sierra de San

Pedro; Tierras  de  Granadilla; Castro  Capote (Higuera  la  Real); Reserva  de  la  Biosfera  de Monfragüe; castillos y dehesas de la Sierra Suroeste de Badajoz; Geoparque Villuercas Ibores Jara; Parque Temático Natural Alqueva; Valle del Jerte; y Valle del Ambroz.

De hecho, en Extremadura hay dos zonas que han recibido la certificación de destino turístico Starlight: la  Reserva  de  la  Biosfera  de  Monfragüe y el embalse de Alqueva. Estos destinos gozan de excelentes cualidades para la contemplación del cielo estrellado y que, al estar protegidos de la contaminación lumínica, son especialmente aptos para actividades basadas en la contemplación del cielo nocturno.

En la región encontramos cada vez más alojamientos, empresas de actividades y profesionales turísticos que ofrecen servicios relacionados con la observación de estrellas, desde rutas guiadas y cursos hasta cenas temáticas, campamentos para niños o alquiler y alojamiento de telescopios, entre otras opciones.

Avistamiento de aves

 Extremadura es un paraíso mundial para aquellos a los que les gusta observar  a las aves en su hábitat natural. Sin duda, es una experiencia que deben disfrutar nuestros hijos: seguir el vuelo de un águila imperial, diferenciar entre cigüeñas blancas y negras, escuchar los sonidos de las grullas…

El 74% de la región está incluido en el inventario de  Áreas Importantes para las Aves de España, situación excepcional en nuestro país y en Europa. De hecho, Extremadura, donde  se concentra el 35% de las especies de aves europeas protegidas, es un lugar clave para la conservación de algunos de los animales más amenazados del continente, como el águila imperial ibérica,la cigüeña negra, el buitre negro, el alimoche, el cernícalo primilla, la avutarda.

Si hablamos de  destinos concretos, el Parque Nacional de Monfragüe es, sin duda, una de  las mecas para el avistamiento de aves, adonde acuden miles de aficionados procedentes  de España y de todo el mundo, pertrechados con sus prismáticos, telescopios y cámaras.

Pero cualquier lugar en Extremadura puede ser bueno para practicar el birding, como demuestra el hecho de haber varias Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en entornos urbanos, como Cáceres, Trujillo, Plasencia, Almendralejo o el azud de Badajoz, lo que ofrece al viajero experiencias diversas durante todo el año.

Gastronomía y cultura van de la mano

Por Extremadura han pasado varias civilizaciones que han dejado su impronta en la gastronomía de la región, fusionándose sus recetas con aquellas propias de la zona y surgiendo así una cocina especial y diferente. Además, podemos combinar la degustación de estos platos y productos con la visita a los monumentos en los que dejaron huella estas civilizaciones para sumergirnos en la historia de la región.

De la tradición romana, visible en monumentos como el teatro de Mérida o el puente de Alcántara, han llegado las salazones, como el jamón y los embutidos. De la tradición monacal extremeña quedan recetas como la perdiz al modo de Alcántara, la tortilla cartuja (la popular tortilla francesa), diferentes maneras de preparar el bacalao y abundante repostería. En el legado judío, que se conserva muy bien en lugares como Hervás, Valencia de Alcántara y Plasencia, encontramos dulces a base de almendras y miel, los potajes, el cordero asado o en frite, y el pisto, al que después del descubrimiento de América se añadiría el tomate.

Podemos saborear la huella árabe, representada en las alcazabas de Badajoz y Mérida, las murallas de Trujillo o el aljibe de Cáceres, en el escabechado de pescados y carnes, los encurtidos, la  sopa de jabis y el sinabi, antecedentes de las sopas de ajo y de la caldereta de cordero. La tradición pastoril, tan arraigada en Extremadura, ha dejado su huella en las migas y los quesos. La proximidad con Portugal ha permitido la adopción de recetas lusas como el bacalao dorado y numerosos postres.

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